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26 Diciembre 2011

ANÉCDOTAS NICARAGÜENSES

 

EL VIAJE DE DICIEMBRE

Hoy 25 de diciembre, amanecí en la cama, relajado y sin efectos secundarios de algún elixir, de los que tientan a mis amigos. Pensaba que al lado mío encontraría a mi esposa y que nuestra hija, cuando oyera las voces matutinas, vendría a enrrancharse con nosotros en medio de la cama.

Eso era lo que pensaba antes de abrir los ojos. El olor a gallina en caldillo me arrasaba mi olfato y se derramaba en mi estómago un líquido furioso, desesperando más el encuentro gastronómico. La boca se me hacía agua y producía una saliva un poco más salada, y yo tragaba, saboreando ese delicioso manjar.

Lo raro era que no escuchaba ningún  ruido  en la cocina, debo estar soñando -me dije a mí mismo-, y seguí dormitando, pensando que no tengo que levantarme temprano, como todos los días, ni bañarme de madrugada con esa agua helada que sale del chorro. Tampoco vestirme a todo tren y luego tomar la leche con  café, como sí corriera los cien metros planos, -súper apurado-, despedirme de la familia y salir de casa como todo un padre de familia.

Caminar despacio el trecho del andén, pero agitado por querer correr, para llegar a la parada del bus. Inmediatamente, lampareo cuantas personas esperan el transporte público y me pongo como venadito, -nervioso-, esperando que el bus se detenga cerca de mí o pegar carrera, para subirme y luego comenzar a pelear un lugar para ir sentado, de lo contrario, quedaré atrapado en un mar de gente y la camisa que mi mujer, tanto se esmeró en plancharla, se va arrugando al paso de las paradas, pues es el momento de "quitate que quiero pasar".

Sigo acostado, disfrutando de ese día feriado. Parece que estoy solo, el resto de la familia siguen durmiendo. La casa está perfumada, deben ser las flores que me enviaron del trabajo. No se porqué sigo agitado, aún voy camino al trabajo en el bus, han pasado muchas paradas, y sigo apartándome de todo tipo de gente.

Los zapatos que todas las noches los dejo bien lustraditos, van pisoteados, sucios, llenos de lodo; las bolsas del pantalón, mágicamente se han salido dos veces, el pantalón parece ciruela, pues sus arrugas son más pronunciadas que las de la camisa, que en la parte derecha parece pasa, pues pasó a mi lado una señora gorda, restregandose en ella, e iba gritando: -"Parate, hijueputa, paraaateee", la pobre, venía luchando por salir desde que entró al bus.

Yo transpiraba copiosamente, quería salir de esa trampa mortal ileso, pero eso se hacía imposible. Me aliviaba el pensar que pronto llegaría mi momento de bajarme, de ese regalo del hermano pueblo venezolano, que había regalado una centena de buses nuevecitos, para evitar el apiñamiento del transporte público de nuestra ciudad capital, "pero que va", -dijo una señora, que platicaba a gritos con otra- "entre más grande es el bus, más gente le meten estos dueños de rutas, muertos-de-hambre". Pensé que ya era hora de levantarme, pero una música instrumental, acompañada de un silencio teatral, me detuvo.

Proseguí dormitando, encogiéndome como un gato entre las mullidas sábanas, que no se parecían a las de mi hogar. No me importó ese detalle. El sol, filtraba un rayo de luz por el vidrio de la ventana, haciéndome retornar al bus. Ya llevo 45 minutos de ir en él. Los oídos, los siento afectados por el ruido de todo tipo de transporte. Mis pulmones, marcan cierto nivel de contaminación y mis ojos lloriquean voluntariamente por la sofocación del bus, el humo del diesel, la gasolina y otros tufos y gases orgánicos.

Ya, a punto del vómito, divisé mi parada -"la del Banco Central"- y eso me reanimó, comencé a caminar como un tractor caterpilar, arrasando todo lo que estaba a mi paso, varios gritamos: "Parada, parada". El "Mercedez" se detuvo unos instantes y algunos salieron catapultados, al rugir de la despedida, de un viaje que hago todos los días del mundo.

 "Bueno, el viaje terminó", dije como para deshacerme del sueño de la rutina o de la holgura, que me ofrecía aquel ambiente. Antes de levantarme, le acaricié el trasero a mi mujer, como diciéndole: -"Ya basta de dormir". Pero no pude levantarme, porque mi jefe me requirió en esos momentos, en los cuales, uno no sabe o no quiere levantarse porque es un día feriado especial.

Comenzó el ajetreo del trabajo, en un descuido me fui al baño de hombres y saqué la cajita de lustrar y limpié mis zapatos, luego la guardé bien, "¡Gracias a Dios, el jefe no vio mis zapatos", dije apuradamente. Procedí a componerme la camisa y el pantalón, saqué el cepillo de dientes y el peine, me los lavé y por último me peiné, todo el lapso de un minuto. Cuando caminaba por el pasillo, de regreso a la oficina del jefe, pasé estirando la mano para buscar el frasquito de perfume y echarme por aquí y por allá, "siempre moderadamente" me decía mi compañera de trabajo y conocedora de ese ritual.

El perfume del frasco se me mezcló con el de las flores y la música instrumental con reguetón, el bailongo estaba en lo fino y apenas eran las 9:30 de la mañana, el jefe quería el informe "ra-flas", pero el muy inescrupuloso, como que no supiera que hay que digitalizarlo, después, revisarlo, compaginarlo, empastarlo y luego encolocharlo, llevárselo a su oficina, esperar que él lo revise y luego me llame y me diga: -"Ya lo revisé, corríjalo y me saca 4 ejemplares". Hasta aquí, se me pasó la hora del almuerzo.

El estrés de esta rutina ya me tiene "sudando la gota gorda" -con el permiso de toda la gente gorda-, estoy en un dilema: ¿me despierto o sigo trabajando? No, hombre, hoy es 25 de diciembre, dejá de mortificarte  y seguí durmiendo, le decía un voz desconocida, mientras que otra voz más cálida y cariñosa, me decía, "Papá, papá, despertate que faltan 5 minutos para las 12 de la noche."

Mario Arce Solórzano

Managua, 25 de diciembre de 2011

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Chinca Coromoto Salas Rodriguez

Chinca Coromoto Salas Rodriguez dijo

Debiste haber desconectado el teléfono, haber despertado antes de las siete y despertar a tu mujer para despertar regalos que no destaparon de madrugada ni cuando se fueron a la cama el día 24, como vas a estar pensando en hervido o caldillo; al jefe que le parta un rayo.

26 Diciembre 2011 | 11:08 PM

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