Anécdotas Nicaragüenses para las nuevas generaciones
PERSONAJES "RAROS" DE LOS MERCADO: BOER, SAN MIGUEL Y CENTRAL
"La Juana Mora y don Efraín"
Mario Arce Solórzano
La Juana Mora, se acomodó en su silla, mientras la hija de don Efraín les servía una limonada con hielo a cada uno, la Juana dio unos sorbos y le brindó las gracias a la Julita y sin preámbulo alguno, le dijo doña Juan a don Efraín, "yo no sé si vos te acordás de los locos que se escapaban de una sección del Hospital General, que se localizaba a unas cuadras del mercado Bóer, y que detrás de él cruzando la calle está situado el San Pedro, el primer cementerio de Managua, se desnudaban y caminaban por todo el mercado, espantando a muchachas, niños y mujeres que gritaban aterradas por el espectáculo de desnudez de esos loquitos. Además, recuerdo que La Chepona, corría a cubrirlos con un delantal a cada uno -creo que eran dos- para que los niños, niñas y muchachas inocentes no les vieran sus partes".
Fijate, que no, nunca los vi, a quien recuerdo, le dijo don Efraín a doña Juana, es a Pedro Infante y a Bienvenido Granda, dos borrachitos que se aprendían las canciones de esos personajes y después andaban cascando a los clientes y poniendo serenatas, para beber guaro a costillas de otros, en las diversas cantinas que bordeaban el mercado. Y después, cuando se les acababan esos clientes, buscaban entre las vendedoras más pudientes, posibles clientes. Se parapetaban cerca de ellas, sacaban la mejor canción de su reducido repertorio y se la cantaban con gestos y ademanes melosos. Si le gustaban, se ganaban sus monedas y se iban contentos, de lo contrario buscaban otra clienta.
Y a la Ruperta Loca, que lo prestaba por un chelín, me parece que si, le dijo don Efraín a doña Juana. Eso si que era de locura y para morirse de risa, siguió hablando la Juana Mora. Ella era una mujer grandota, andaba despeinada y andrajosa, con un bolso de dama de alta alcurnia, sacado de algún basurero, y a todas voces anunciaba: " lo presto por un chelín" , " lo presto por un chelín"... y cuando un incauto caía, le decía: "Haber, aquí está el chelín, ¿dónde me lo vas a dar?" , ella se apuraba en tomar la moneda y le decía: "Aquí no más, y sacaba del bolso un espejo y un peine y se lo entregaba a los abusados clientes" , mientras toda la gente del mercado Bóer estaba a la expectativa, para después carcajearse y burlarse de los libidonosos incautos, que se miraban y peinaban por cinco moneditas de cinco centavos, y después un tanto avergonzados, le entregaban esos objetos a la mujer, que pacientemente esperaba con una seriedad de loca.
Ahora, que me estás iluminando mi lucidez, le dijo don Efraín a la Juana Mora, dejame contarte de algunos orates, lunáticos y personajes emblemáticos, que conocí tanto en los mercados San Miguel y Central, mercados éstos que apenas los separaba una calle. Poné atención, si miento, me decís mentiroso, okey. Bueno, si vos venías caminando de la calle 15 de septiembre, desde la esquina de la Tienda Alicia hacia el norte, o sea, al lago, vos llegabas a la Farmacia Ramos, un edificio de dos plantas situado en lo propia esquina, en el piso de arriba, tenía su estudio el pintor alemán nicaragüense don Jorge Emilio Münkel, tremendo pintor que usaba a las mercaderas más hermosas de modelos para sus desnudos, artista, pintor, músico y cineasta, no descubierto aún por ningún estudioso de la pintura o del arte nicaragüense. De esa esquina, caminabas otra cuadra más y sí te parabas en mitad del final de esa calle, tenías enfrente, a mano izquierda al mercado Central y a mano derecha al San Miguel, a partir de allí comenzaba un alboroto inimaginable... Ya me hiciste de chicle el cuento, vos Efraín, le interrumpió la Juana Mora... Esperate niña, ya te voy a soltar la guitarra para que cantés tu tango, pero esperate, eeeh, le contestó don Efraín, frunciendo el entrecejo y como regañándola.
Entonces, el venerable anciano retomó su descripción y prosiguió, diciendo, desde donde me dejó de pie la Juana Mora, - la volvió a ver por si acaso refunfuñaba-, y a mano derecha, quedada la Farmacia Managua, en la propia esquina, ahí en las gradas se sentada una anciana del norte del país por su aspecto campeñano, con un delantal y una guitarra a cantar la gesta de Sandino, cuando Sandino no era tan conocido ni idolatrado como ahora; era vivaz, con anteojos de carey negro y su voz imponente. Le decían " La Juglar del Norte" , -según su testimonio, dice, que así la llamó el poeta José Coronel Urtecho, una mañana que pasó por ahí y se detuvo a escucharla, " hasta un abrazo me dio el poeta" , decía con orgullo-, en sus cantos populares se burlaba de Somoza y del piloto y el avión derribado, que mandó para invadir Cuba y derrotar a Fidel Castro, en apoyo al imperialismo yanke invasor, -decía ella con un cantar regañón-. Era tan convencedora que el que disfrutaba sus canciones, se bolseaba para regalarle unas cuantas monedas.

Chinca Coromoto Salas Rodriguez dijo
Muy bueno el articulo, me gustaron los personajes, los juglares son buenísimos, el tango es igual ambos nos llevan por la historia con profundidad, eso suele verse en los mercados, no tanto como antes, pero se acostumbra, todos los pueblos de habla hispana se parecen en costumbres, hábitos y ese calor sabroso que nos lleva a disfrutar. -Chinca C. Salas R-
23 Diciembre 2011 | 01:44 AM