EN LA BAHÍA SE MULTIPLICARON LAS BIBLIOTECAS
-Anécdota Bibliotecaria Nicaragüense-
A Jane Mirandette
La Bahía de San Juan del Sur siempre ha sido un hito histórico en Nicaragua, hoy en plena segunda década del siglo XXI, la han convertido en sitio turístico plagada de hoteles y de varias lenguas: inglés, francés, italiano, entre otros. Y frente a un hotel gringo, unos niños y niñas, le tocaron el corazón a una mujer que le enseñó a leer su abuela y ella se convirtió en la "abuela virtual" de los niños sin libros.
Antes de la construcción del Canal de Panamá por el pueblito de la Bahía pasaron, toneladas de oro, de dinero, de sueños y entre los viajeros, siempre distinguían los que portaban un libro, una revista, un periódico, que nunca pudieron éstas publicaciones, encontrar albergue ni siquiera en una choza, pues alguien hubiese soñado bibliotecas de barquitos que contaran estos cuentos.
Quien pensaría en bibliotecas en aquellos rústicos, bellos y despoblados parajes, pero en la intrepidez de una gringuita, Mary G. Childs, ella con su pluma y su palabra sembró la magia de las bibliotecas y el turismo, éste lo consumó en una cabalgata que realizó entre el pueblito y el puerto lacustre La Virgen del lago Cocibolca, y lo otro lo dejó escondido en el tiempo como una hada. La vivencia de esta gringuita la dejó escrita en una carta que resaltaba las bellezas naturales y turísticas de esta parte de Nicaragua.
Simbólicamente, esa carta inició el camino de las bibliotecas en San Juan del Sur. Muchos poetas y escritores venían a inspirarse, el pueblito fue más conocido, sin biblioteca y con pocos libros. Muchos años después, en tiempos de Somoza había en el pueblecito una escuela y después una maestra jubilada, que a punta de necear al alcalde, hizo nacer la Biblioteca Pública de San Juan del Sur.
Para ser eterna nació, pues las niñas y los niños llegaban a realizar sus tareas e investigaciones, pero no habían libros adecuados para sus estudios, eran un poco de libros viejos, rayados, colecciones de periódicos incompletos y enciclopedias que no ayudaban mucho y algo muy importante, siempre estaba cerrada porque el Alcalde no pagaba el salario a la bibliotecaria, que de aburrida abría la Biblioteca aunque no le pagaran.
Esa era la situación que yo encontré en 1970 cuando inicié la visita y el tomar nota de las bibliotecas del Pacífico, pues ése iba a ser mi tema monográfico en la universidad. El tiempo pasó entre biblioteca y biblioteca, hijas, hijos, esposa y reuniones bibliotecarias, cuando en una actividad conocí a una gringuita, que tiempo atrás ya venía remando en tierra con un nuevo tipo de biblioteca. Encontró la magia y la visión de la otra gringuita había sembrado en esa región.
Rosa Argentina nos presentó, "yo Jane" me dijo, y le contesté: "I'am Mario", ella sacó de un bolso grande una tarjeta de invitación al noveno Aniversario de la Biblioteca Pública Móvil San Juan del Sur y me la dio. "Quiero que venga. Yo invito", me dijo en un español cantadito. Ella es energía cien por ciento, se distingue por su manera de vestir, como ave del paraíso, usa accesorios en el cuello y los brazos de vivos colores, que contrastan con su chelura, es muy hábil para movilizar gente y tiene una generosidad grandiosa como sus sentimientos y siempre carga consigo un bolso vistoso.
¿Qué es lo más sobresaliente de esta celebración?, le pregunté a Jane, bueno, hemos establecido una Biblioteca en San Juan del Sur, luego hemos visitado a muchas comunidades, en cajas empacamos una biblioteca de acuerdo a las necesidades de ellos y en la camioneta las vamos a dejar. Ahí quedan en calidad de préstamos por eso le llamamos bibliotecas prestatarias. Y esto lo ha logrado a través del tiempo y esfuerzo, le confirmé. Así es. Tengo entendido, también, le dije, que tanto la Sub Dirección de Bibliotecas Públicas como la Dirección de la Biblioteca Nacional, que la dirigía Jimmy Alvarado Moreno, cuando Usted vino a inscribirlas, se las rechazaron, porque no sabían cómo tipificar esas bibliotecas. Si, así fue, Mario y fíjese, a mi me dio una pena enorme, investigué en la ALA (American Library Association) y después todo se arregló.
Llegó el día de la celebración, ella dispuso de un microbús para los y las compañeras de Managua, y en mi caso, alquiló un taxi para que me acompañaran mi esposa y mi hija. Nos reunimos todos en un hotel de su propiedad, nos instaló a todos y todas, habían invitados de un College de Denver y ella muy contenta, nos presentaba a los maestros en inglés y mi hija, esposa y este su servidor, nos volvimos un poco tímidos. ¡En ese instante me arrepentí de no haber terminado la media docena de cursos de inglés que nunca terminé, pero que tampoco olvidé!
Ya en confianza yo insistía en llamarla "Yane", ella de vez en cuando y muy educadamente me decía "is Jane". Y en medio de todas las gringas, buscaba como compartir un poco de conversación en un bilingüismo horroroso. Había muchas actividades para los visitantes, cursos, trabajo voluntario y en la tarde, habría una concentración en el parque central y en él ya dispuesta, una tarima para las personalidades, como de 2 metros de alto. "Yane, yo no puedo subir ahí", le dije y me contestó con una vocecita de paloma San Nicolás, "No preocupar, Mariou, no preocupar".
Después del almuerzo visitamos la Biblioteca, estuvimos con las colegas mientras terminaban sus trabajos manuales. Las gringuitas llegaban y yo cada vez me apropiaba de ciertos giros del inglés, aunque proporcionaban más risas que otra cosa, ellas comprendían el esfuerzo, Jane, que en todo estaba, llegaba dando instrucciones en inglés y quien sabe que cosas decía del único que estorbaba con el asunto del idioma.
A las 4:00 p.m. comenzó el acto central, los personajes se acomodaban y 6 hombres peleaban con mi silla de rueda, hasta que sentí que había llegado a popa con un poco de presión alta, disimulé, porque proa ya estaba ocupada. Decenas de niños y niñas con su uniforme colegial y un centenar de niños y jóvenes sanjuaneños, todos de pie, mientras sonaban las notas del Himno Nacional, miraba yo borrosamente. El malestar pasó
El sacerdote de la Parroquia bendijo el acto de una manera muy particular, y contagiado por el hábito lector, culminó rápido su bendición. A continuación Jane, me presentó como invitado especial, compartí con los niños el concepto de Bibliotecas Prestatarias y pregunté cuantos habían leído 5 libros en el presente mes y todas las manos señalaban un cinco ¡Que alegría sentí en mi corazón!, cuando constate la veracidad de ese esfuerzo-hazaña, que se hace a través de los programas de la Biblioteca Pública Móvil San Juan del Sur.
Luego, los alumnos del College partieron varios queques y lo compartieron con todos los niños presentes, mientras eso pasaba, yo resistía mi bajón de presión sanguínea, por una parte de la tarima, donde me bajaban unas manos generosas y cuando llegué a tierra, me pareció que zarpaba el barco de mis sufrimientos, pero al momento ya pisaba tierra firme. En el parque habían piñatas, repartieron esquimos gratis, golosinas y la fiesta del libro v la biblioteca era un éxito bilingüe. Y todo con un orden como nunca lo había visto antes en los festejos de mi país y mi gente.
Pensé que ahí terminaba la celebración y en inglés me informaron que faltaba la cena de despedida y el baile de los alumnos del College. Nos trasladamos al área del puerto, donde ya disponían un oloroso y apetitoso sabor a comida, llegaron los alumnos en ropa casual, hicieron fila para recibir su plato de comida, buscaron un lugar guiados por sus profesoras. Nosotros también hicimos fila, el filete de pescado y las brochetas de pollo con jamón, estaban deliciosas.
En medio del panorama nocturno del puerto y de las luces de los barcos en la bahía, aparecieran unas "beer" heladas por aquí, otras "bichitas" por allá, la música encendió la llama de la piñata que colgaba del techo, que los estudiantes intentaban quebrar y el relajo y la gritadera bilingüe era lo más, romántico de aquel intercambio cultural.
En todo momento yo aprovechaba "hablar" con una, con otra, con otro y cuanto gringuito estuviera cercano a mí. De cierto que eso me activo mi memoria "inglesa", ya al final de semejante fiesta, cuando ya nadie estaba excepto de tirar la primera piedra, hilvané en inglés, un agradecimiento al estilo inglés de mi exquisito profesor de secundaria (James Thomas) y muy cortésmente y con excelente pronunciación, se lo dije a Jane.
Yo pensé que me saldría con un "Thank You ... our welcome", pero que va ser, Jane, dio un salto para atrás y dijo como horrorizada: "El sabe inglés y todo el día nos ha estado engañando", ... y no le pasaba: "él sabe inglés, así no se vale"... Hicimos el relajo de partida, buscamos el transporte, nos despedimos y lo último que Jane me dijo: Mariouu y con su dedo índice lo sacudía hacía mí como desafiando el futuro.
Mario Arce Solórzano / Bibliotecólogo
Managua, 11 de noviembre de 2011.


Xavi, libros usados, forros dijo
Muy buen artículo!!
21 Diciembre 2011 | 11:46 AM